Si tenés menos de 40, las ONs no son seguridad — son resignación

Una breve mirada sobre un muy interesante instrumento, que mal utilizado o en el momento equivocado puede resultar un ancla para el crecimiento.

Eric G. Lurig

3/31/20263 min read

a glass jar filled with coins and a plant
a glass jar filled with coins and a plant

Llegan seguido. Tienen entre 20 y 40 años, traen sus ahorros — diez mil, veinte mil, cuarenta mil dólares — y antes de sentarse ya se nota lo que van a decir: "no quiero perder."

El miedo es comprensible. Pero el miedo es mal consejero financiero. Y en ese estado emocional, la Obligación Negociable aparece como la solución perfecta: renta en dólares, empresa conocida, cupón fijo. Tranquilidad. El problema es que esa tranquilidad tiene un precio que casi nadie calcula — y ese precio se llama tiempo.

El rendimiento que nunca es lo que parece.

Tomemos un ejemplo concreto. Una ON cotizando al 8% anual en dólares. Suena bien. Pero empecemos a restarle capas:

  • Inflación del dólar: 3-4% anual. Ya estás en 4-5% real.

  • Comisiones: según el caso, otro 0,5-0,6% que se va.

  • El supuesto oculto: cada vez que la ON amortiza parcialmente, ese capital hay que reinvertirlo. ¿A qué tasa? Nadie lo sabe. Asumir que vas a conseguir la misma TIR en cada vencimiento parcial es una fantasía. El rendimiento que te "vendieron" el día que compraste nunca se materializa completo.

    Resultado real: estás trabajando por un 2-3% anual neto. En dólares, sí. Pero 2-3%.

El interés compuesto no hace milagros con combustible de baja calidad.

Está muy de moda hablar de interés compuesto como si fuera una fórmula mágica. Y lo es — pero solo si el rendimiento base es suficiente. Con una ON, no lo es. Ejemplo concreto: $40.000 invertidos, ¿cuánto tardan en llegar a $100.000?

Rendimiento neto anual Años para llegar a $100K

8% (TIR bruta, el escenario soñado) ~12 años

5% (realista post-impuestos) ~19 años

3% (real post-inflación del dólar) ~31 años

El interés compuesto no es mentira. La mentira es creer que funciona igual con cualquier rendimiento.

El asesor que te vende tranquilidad te está empobreciendo.

Hay toda una industria construida sobre una promesa: "vas a dormir tranquilo." Asesores y gestores que miden su trabajo no por el crecimiento de tu patrimonio, sino por tu nivel de ansiedad. El problema es que esa promesa les sirve a ellos, no a vos. Los mercados operan por ciclos. En determinados ciclos hay que ser agresivo — es la única forma de construir capital real. Así lo hicieron Buffett y Munger: no buscaron el instrumento que los dejara dormir, buscaron valor, timing y convicción.

Un asesor que te recomienda en función de lo que te deja dormir está cometiendo exactamente el mismo error que un médico que te receta lo que querés escuchar en lugar de lo que necesitás. Si tenés miedo al quirófano y el médico te dice "no hace falta operar" para no incomodarte, no es un buen médico — es un cómplice. Lo mismo aplica al asesor financiero que te mete en una ON para no tener que explicarte la volatilidad.

La "seguridad" que te venden es un producto diseñado para la comodidad del asesor. El resultado es un patrimonio que no crece.

El único indicador que importa

La única forma real de hacer una diferencia en los mercados es comprar cuando duele el estómago. Cuando todo el mundo vende. Cuando las noticias son malas. Cuando tu instinto dice "no toques nada." Ese malestar no es una señal de peligro — es una señal de oportunidad.

Y acá está lo más poderoso de todo esto: los mercados de capitales son el único escenario donde un albañil con criterio y temple puede superar a un profesional con miedo. El capital no discrimina por título. Discrimina por convicción y por timing.

La ON es exactamente lo opuesto a este principio. Es el instrumento del que nunca duele el estómago. Y por eso, para quien tiene menos de 40 años y tiempo de sobra, es resignación disfrazada de seguridad.

¿Tenés menos de 40, capital para invertir y horizonte largo? El mercado te está esperando. La pregunta es si vas a entrar cuando todo el mundo sonríe — o cuando duele.